Mar 13 2010
Bodegas y Pagos Matarredonda
“The wine is feeling“ (el vino es sentimiento), me dijo una vez, mientras tomábamos una copa, un amigo americano; sobre sus palabras yo apostillé: “pero nunca olvides, que los bodegueros deben subsistir, deben vender para seguir elaborando; es decir no olvidemos la parte más prosaica de este mundo, la parte comercial, el aporte del capital”. Juntando las dos componentes llegamos a concebir el vino como un mundo de apasionados que deciden que este sea su modo de vida.
Alfonso Sanz llegó al mundo del vino llevado por el capital de sus empresas del sector quÃmico; pero no lo hizo como una inversión más, sino porque sentÃa una atracción fatal hacia el mundo enológico, le movÃa un impulso apasionado, lo que le hizo buscar, junto a su socio en esta alocada aventura, viñedos que aportaran singularidad a sus vinos. Recorrió varias comarcas castellano-leonesas hasta que descubrió, en la población de Pego, en la DO Toro, viñedos viejos, que rondaban los setenta años, enfermos, muy necesitados, pero a la vez llenos de encanto y atracción. Con ellos, y con otros de los alrededores dé similar longevidad, y muy parecido estado, comenzó.
Para sacarlos adelante y regenerarlos, buscó en la zona la experiencia de alguien que llevara años trabajando en el campo, alguien que compartiera ese entusiasmo por el vino, por el viñedo y por ese tipo de retos que no sabes donde te llevarán. Y se encontró con Rosa Zarza, ingeniera agrónoma, que llevaba años trabajando con los viticultores zamoranos. Entre los dos empezaron la fase de cura y recuperación; mimo y cariño, más técnicas de saneamiento y cura, hicieron que tres años después, empezaran a volver a dar frutos las viñas.
2001 fue la primera cosecha vinificada de Bodegas Y Pagos Matarredonda. En total 20000 botellas de Libranza. Con los años, los tres pagos de Matarredonda, Salgadero, Matarredonda y Matalobas están produciendo entre sesenta y ochenta mil botellas, repartidas bajo dos nombres, dos presentaciones, Juan Rojo, ocho meses de barrica más doce de botella nos presentan un vino pleno de fruta y frescura; y Libranza, el hermano mayor, la máxima expresión de los viñedos de Pego; veinte mil botellas de un vino que, pese a la larga crianza, se sigue mostrando jovial y muy frutal, alimentado por un paso untuoso y sedoso en boca, demostrando que en Toro no todos los vinos tienen que ser aguerridos y plenos de potencia.
En Bodegas Matarredonda, tanto Alfonso Sanz como Rosa Zarza, tuvieron clara su filosofÃa de vida, desde sus inicios: hacer un vino de calidad, aterciopelado, puro gozo en el paladar. Asà es Libranza, un vino que después de hacer la fermentación alcohólica en los depósitos de inox, pasan a un invernadero de barricas para hacer la maloláctica. Vino, que en cosechas excepcionales se destapa como un diamante natural y brillante. Esplendor presente en la cosecha 2006, fruto tan perfecto en su maduración, que aguantó 28 meses de crianza más su etapa reductiva en botella. Con semejante credenciales, nunca imaginé que, la fruta emergiese de la botella,cual mago encantado, al extraer el corcho; intensa emoción que se vio engrandecida cuando pasamos a disfrutarlo en la copa: su tremenda carga frutal, su presencia inquebrantable de frutos negros, sutilmente acompasado con tonos toffees, y una marcada y atractiva presencia de aromas especiados, acompañados de pinceladas balsámicas, recuerdos que te trasportan a esas tardes de paseo entre la arboleda de pinares, hacen que este vino se convierta en sensaciones que quedan grabadas, perennes, en el corazón.
Este Libranza 2006, Selección Especial o como termine llamándose, es sublime; más aún si se disfruta en la zona social que Matarrendonda ha construido en su bodega; un coqueto salón y sala de catas dominado por un amplio ventanal que te hace gozar de una panorámica excepcional, donde el viñedo que rodea la bodega (situada en la carretera de Valdefinjas) te va llevando, te va dirigiendo la mirada hacia los cortados de Toro, que domina el fondo de nuestra ilustración; y sobre los cortados la silueta de la Colegiata. Inspiración, o como dirÃa mi amigo yankee, feeling (sentimiento); porque pequeños detalles, profundas excitaciones que se alojan en el corazón, hacen que nos vayamos enamorando de un vino. Y yo he sucumbido ante Libranza, y por supuesto, de esa colosal añada, ese futurible “selección especial” 2006.

El ribete ya se mostraba juvenil, como si poseyera ese preciado secreto de la eterna juventud, pero sus aromas resultan todavÃa más gratificantes, y seductores. Una maligna sensación empieza a adquirir presencia en mi mente: <<seguro que se cae en boca, algún fallo ha de tener, porque no he oÃdo hablar de este vino>>. Asà que tras dejarme envolver un poco más por sus notas balsámicas, por su sutileza en los tonos especiados, decido sentirlo en la boca. De pronto descubro como la seda, la elegancia y la suavidad van caminando sobre mi paladar, como su paso gentil y desenvuelto llenan la boca y aporta un aterciopelado calor cuando llega a mi faringe.
Me gusta la insinuación; dar pequeñas pinceladas que inviten a descubrir aquellos lugares, aquellos viñedos que un dÃa tuve ocasión de disfrutar. No me gusta extenderme en detalles de mis viajes, porque cada vivencia es personal, y no hay dos personas que vivan de igual manera un paseo entre viñedos, un atardecer entre olivos o una copa de
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