Ene 12 2010
De Méntrida a Valdepusa
Los que habitamos en la capital de España nos empeñamos en cargar, sobre nuestras espaldas, centenares de kilómetros para saciar nuestras más Ãntimas y personales pasiones enológicas; recorrer y conocer bodegas en La Rioja, Penedés o Ribeira Sacra (por poner tres ejemplos) es una delicia, pero muchas veces nos olvidamos de nuestros vecinos; y no me refiero solo a los vinos de Madrid, sino también a otros viñedos cercanos y llenos de encanto.
Asà que decidà reparar parte de mi culpa, y, volante en mano, me dirigà por la Nacional V. El asfalto convive, nada más dejar las últimas edificaciones altas, con los primeros viñedos madrileños, que encontramos en Navalcarnero. El primer vino me es ofrecido, pero mi mirada está puesta algunos kilómetros después, en la localidad toledana de Méntrida.
Méntrida, población donde conviven el clima continental y el mediterráneo, resguardada por la Sierra de Gredos y con una pluviometrÃa escasa, esconde, en varias de sus tierras, de sus entrecruzadas parcelas, algunas de las garnachas más antiguas de nuestro paÃs; uvas, muchas de ellas de maduración fresca, sombrÃa, con fuertes variaciones térmicas, que nos seduce con vinos frescos y muy frutales. Asà se muestran los vinos de Jiménez Landi, cuyo máximo responsable, Dani, siempre está dispuesto a tirar de pipeta y compartir la cata de cada una de las barricas de sus fincas, de Cantos del Diablo, de El Fin del Mundo, de las diversas garnachas que componen Piélagos (este último elaborado con las uvas de la vecina población de El Real de San Vicente)… Nos encontramos una bodega donde se respira pasión, donde se practica el cultivo biodinámico en algunas de sus tierras, donde se lucha por devolver a la tierra todos los aportes naturales que la tierra da al fruto; en definitiva, respeto a la madre naturaleza, amor por el vino. Vino que brota ente los dedos de los pies de Dani, mientras pisa con mimo las uvas en grandes tinos de madera. Vino que reposará en la cueva de la familia, excavada por anteriores generaciones en el siglo XVII.
Pasión que nos abre las puertas de nuestra segunda parada, de nuestro fin de ruta. Capilla del Fraile nació de la motivación, del amor por el campo de Iñigo Valdenebro, un hombre que un buen dÃa decidió convertir un secarral en un prospero olivar y un mimado viñedo. Ese fervor por la tierra te traspasa la piel paseando entre olivos (arbequina y picual), mientras Iñigo te va cortejando el oÃdo con cada uno de los pasos, de las historias que llevaron al olivar a ser lo que hoy es.
Y ese cariño se entremezcla entre la miga de pan blanco que pringas en el aceite, fresco, con un punto de acidez y un ligero amargor final que es pura seducción.
Almazara y bodega; disfrutar de la vendimia y de la recolección de la aceituna. Ver bullir los depósitos durante la fermentación de la syrah y de la petit verdot, base del sugestivo coupage Capilla del Fraile (yo pude paladear el 2005 y ver como viene la añada siguiente) o vivir el ligero estrujado de la aceituna para dejar manar su lÃquido más Ãntimo, ese primer néctar.
Casi cien hectáreas (sólo 14 son de viñedo), dominadas y vigiladas por la casa de campo, residencia familiar y base de una bodega, y de una almazara, abierta para sentir los sentidos, despertar nuestras emociones más campestres, vivir, conversando con sus responsables, la necesidad de alimentar nuestras santas pasiones enológicas.
Después de recorrer los viñedos del Real de San Vicente, donde Bodegas Jiménez Landi tiene algunas de sus viñas más recónditas, de conocer su cueva donde hace la crianza su mejores vinos, de sentir los aromas de los olivos de Capilla del Fraile y ver como sus viñedos buscan sin descanso los cálidos rayos toledanos, siento que mi Ãntima y personal deuda con estos grandes vinos, con estos magnÃficos aceites, empieza a ser pagada.
En 1984  el médico, empresario y gran aficionado a la caza Manuel Gomez Sequeira compra una finca cinegética al NE del Parque Nacional de Cabañeros, en el municipio de Retuerta de Bullaque (Ciudad Real). Tres años después, como prueba, planta las primeras 8 Hectáreas de Cabernet Sauvignon, elaborando su vino en la bodega de Carlos Falcó, para asegurarse de la calidad de sus uvas antes de realizar nuevas inversiones. El resultado es satisfactorio, y en 1997 se amplÃa el viñedo con las variedades Syrah, Merlot y Chardonnay, no siendo la primera añada en su propia bodega hasta 1999. Dicha ampliación se completa con la variedad Tempranillo en el 2000,  llegándose a las 28 Ha de viñedo que actualmente poseen.
Diversidad de bodegas. 4 fueron las bodegas pioneras de esta Denominación de Origen; hoy son 33, desde grandes grupos vinÃcolas hasta pequeñas bodegas familiares, desde millones de litros producidos hasta pocos millares de botellas.
PodrÃamos tener una imagen visual de lo que puede significar esta ‘Denominación de Origen’ veinteañera, nació en 1984, desde dos puntos geográficos concretos que son el Monasterio del Pueyo, cerca de Barbastro y la Ermita de la Candelera, en Salas Altas. Ambos situados en atalayas naturales desde donde se divisan dos de las señas de identidad de la zona, el viñedo y el Pirineo al fondo (
Mi elección fue Cuenca, más concretamente el
Desde la tierra del vino, Jumilla, sale un nuevo producto fruto de la tradición vitivinÃcola de una tierra que durante miles de años ha estado ligada a la vid. 